Universidad Nacional

Autónoma de México

 

Mérida, Yucatán.
6 de abril de 2018


ENTREGA DE LA CONDECORACIÓN “EDUARDO LICEAGA” 2018 AL DR. ENRIQUE GRAUE

Recibir la Condecoración Liceaga 2018 es, en verdad, una gran distinción.

Se acostumbra decir que es un honor inmerecido y probablemente así lo sea, porque puedo pensar en que muchos de los hoy reconocidos, tienen tantos o mayores méritos que yo.

Todos los premios al mérito que se entregan el día de hoy son de gran relevancia y creo que no me equivoco si digo que todas y todos quienes los reciben se sienten igual de honrados que yo.


Yo en lo particular,
mucho agradezco a quienes consideraron mi trayectoria para proponerme a la condecoración Liceaga, y al jurado que decidió otorgarme la distinción.

Por lo que significa esta condecoración, es para mí un gran honor el recibirla de manos del Presidente de la República, el Lic. Enrique Peña Nieto.  


Muchas gracias Señor Presidente.


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Este premio lleva el nombre de un gigante de la medicina: el Dr. Eduardo Liceaga quien fuera un clínico extraordinario, un prestigioso académico, un creador de instituciones y un educador excepcional.

A Eduardo Liceaga, en buena medida, le debemos la organización de la salud pública nacional; a él se debió la gestación y dirección del Consejo Superior de Salubridad que es la semilla de lo que hoy es la Secretaría de Salud.


Fue él también quien imaginara, con la creación del Hospital General de México, el primer centro médico con el que la nación recibiera la modernidad del siglo XX.


Y fue Liceaga, quien, desde la Dirección de la Facultad de Medicina de la Universidad de México, fijara las bases de la enseñanza moderna de la medicina al concebir a los hospitales públicos como una extensión natural de las escuelas de medicina.


Es por eso que esta Condecoración de ciencias médicas y administración sanitario-asistencial, que lleva su nombre, es una distinción que siempre será inmerecida. La estatura de Liceaga, en sus distintas facetas, se antoja imposible de igualar.


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Recibir un premio como este obliga siempre a hacer un recuento de méritos y agradecimientos.

Y si algún mérito tengo, fue ser médico y desenvolverme en una de las especialidades de la medicina donde procuré dar lo mejor de mí.


Tuve la fortuna de haberme formado en un hospital de asistencia social que al cabo de los años también tuve el honor de dirigir.


Debo decir que disfruté mucho a mis pacientes, y que sufrí cuando, de alguna forma, no pude cumplir con sus expectativas y con la confianza que depositaron en mí.


A ellos, a mis pacientes, en buena medida, debo este premio, porque a través de ellos tuve la oportunidad de indagar sobre sus problemas y procurar
encontrarles soluciones, lo que me permitió investigar, escribir y enseñar.

Y escribí y enseñé siempre ligado a la Universidad Nacional Autó
noma de México.  Mi Universidad.

Es m
ía, porque en ella estudié; de sus maestros aprendí y en ella he impartido clases.

De mis maestros, de mis compañeros y discípulos me he nutrido, y a ellos, en conjunto, debo mi formación. Este premio se los debo también a ellos.


Y si el premio se los debo a ellos, también se lo debo a mi Universidad.


A la Universidad que hoy me toca dirigir y empeñar en ella todos mis esfuerzos e ilusiones.


Y es mía, aunque también es de
todos.

Porque es de México y porque en ella se reflejan los logros y aspiraciones de nuestra nación.


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En estos días y semanas por venir habremos los mexicanos de reflexionar sobre nuestras aspiraciones y el cómo conseguir hacerlas realidad.


Y ojalá podamos hacerlo con un juicio equilibrado entre lo deseable y lo posible, con un balance histórico y sereno de los logros que hemos alcanzado y de las metas que aun debemos cumplir.


Porque no podemos, ni debemos escatimarnos todo lo que ésta nación ha conseguido.

Mucho hemos avanzado a lo largo de los años. Solo basten  algunos ejemplos: a principios del siglo XX, la esperanza de vida de los mexicanos era de alrededor de 30 años, hoy es de 75 años en promedio.
Y en los últimos cincuenta años, el número de médicos en el país se multiplicó por poco más de nueve, al pasar de veintitrés mil en 1970 a casi doscientos dieciocho mil en el 2017.

Y en ese mismo periodo, la cifra de unidades médicas se incrementó casi seis veces, al pasar de cuatro mil
a veintitrés mil con los que cuenta actualmente el país.

Mucho hemos hecho y mucho má
s habrá que hacer.

Porque en medio de los problemas que vivimos, hay que decirlo: México es una gran nación, de enormes riquezas y de grandes
logros.

Logros que descansan sobre
muchísimos mexicanos que, con su esfuerzo cotidiano, crearon las Instituciones que hoy nos enorgullecen y que conforman el México que hoy vivimos y disfrutamos.

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Finalmente, no me queda sino agradecer. Agradecerle a la vida que ha sido espléndida conmigo:


Me prodigó a una familia que me llena de orgullo.  


Me dio la oportunidad de elegir una profesión que me concedió el privilegio de poder servir.


Y fue esa inescrutable vida, la que me llevó a tener la inmensa distinción de encabezar a la UNAM, la mejor institución educativa y cultural de México.


Esa misma vida es la que me distingue hoy con esta Condecoración que me honra, compromete y obliga.


A ustedes, los premiados, muchas felicidades


Y todos ustedes gracias por su paciente atención.


INEGI. Sistema para la consulta de Estadísticas Históricas de México 2014.

INEGI. Sistema para la consulta de Estadísticas Históricas de México 2014.

Muchas gracias.

 

 

 


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